Lectura: Jeremías 2:4-19
Un pequeño avión cargado con drogas valorada en muchos millones de dólares fue interceptado por la policía cuando sobrevolaba una importante ciudad. En un intento por deshacerse de la evidencia, los malhechores comenzaron a arrojar pacas de droga desde el cielo. Una cayó en un estacionamiento de una iglesia. Otra alcanzó el tejado de una estación de policía y otras cayeron junto a una plaza de deportes que se ubicaba en un barrio populoso.
Finalmente, cuando el avión descendió en una pequeña pista de aterrizaje cerca de la base de la fuerza aérea, cuatro fardos de droga todavía estaban a bordo. El resultado, dos hombres fueron arrestados y acusados por delitos que los pusieron tras las rejas durante suficientes años como para lamentarlo por el resto de sus vidas. ¡Qué ironía! Algo que pensaban los haría ricos por ser tan rentable de repente los hizo desgraciados y les quitó la libertad.
En Jeremías 2 encontramos la historia sobre cómo los israelitas y sus líderes también fueron tras lo que pensaban sería bastante rentable para ellos. Siguieron a dioses extranjeros, pero en el versículo 8 el Señor les dijo que “anduvieron tras lo que no aprovecha», y en el versículo 19 les dijo lo siguiente: “Tu maldad te castigará, y tu apostasía te condenará”. Tiempo después ellos fueron acusados y cayeron debido a sus malas acciones, no pudieron eludir los ojos del Señor ni confundir su sentido de la justicia.
La verdad es que todos somos culpables ante el Señor y necesitamos su perdón, no obstante, debido a que Él nos amó tanto envió a su Hijo para morir en nuestro lugar, razón por la cual tenemos la oportunidad de reconciliarnos con Él antes de que sea demasiado tarde, el Señor nos ofrece la gracia y perdón que ningún tribunal humano puede ofrecer.
Puntos para la reflexión:
- El Señor te está esperando con sus brazos abiertos ofreciéndote su perdón.
- Nadie está tan lejos de Dios como para que su amor y perdón no lo puedan alcanzar.
Versículo para memorizar:
“Porque la paga del pecado es muerte; pero el don de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro”. Romanos 6:23 – RVA15.
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