Lectura: Hebreos 11:8-16

Abraham fue un gran hombre de fe, lo demostró en innumerables ocasiones; dejó su tierra natal y se estableció en una tierra que le era desconocida (Heb.11:8-9).  No obstante, parte de las promesas que Dios le hizo, eran un tanto difícil de aceptar, y no sólo para él, sino también para su esposa; la principal, que Dios les daría una descendencia como la arena del mar (Gen. 12:1-2).

Para complicarlo aún más, su esposa Sara era estéril y de avanzada edad (Gén.16:1), por eso ella decidió “ayudar” a que se cumpliera la promesa de Dios, le propuso a Abraham, que tomara a su sierva Agar para que procreara con ella una descendencia, que ella misma no podría brindarle (Gen.16:2-4). Esto le trajo muchos problemas a Abraham (Gén.16:5-15).  Más sin embargo, Dios fue más grande que sus limitaciones y equivocaciones, y reafirmó su promesa de que Sara tendría un hijo (Gén.17:15-22).  Ambos tuvieron que aprender con dolor y paciencia, que debían esperar con fe que Él cumpliera Su promesa (Gén.21:1-3; Heb.11:11).

Como creyentes también enfrentaremos diferentes pruebas a lo largo de nuestras vidas, que buscarán fortalecer nuestra fe.  Uno de esos desafíos es compartir con otros el regalo de amor que Dios nos brindó al salvarnos, además de por supuesto compartir lo que hemos aprendido de nuestra relación con Dios a través de los años. Si no lo hacemos estaríamos siendo estériles espirituales, puede que no lo hagamos por falta de confianza o por vergüenza y temor al qué dirán; sin embargo, al igual que Pedro y Juan inspirados por el Espíritu Santo, también podemos decir: “Porque nosotros no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hechos 4:20).

Hablar de Jesús, es sin duda un asunto de fe, el mismo Dios le que pidió a Abraham confiar en Él totalmente, es quien nos dice que proclamemos el evangelio, que seamos sus embajadores (2 Cor.5:20). Al hacer esto podemos confiar que Él estará en control de todo lo que suceda.

  1. Tenemos el privilegio de sembrar la semilla, pero Dios es el que se encarga de la cosecha.

 

  1. ¿Qué esperas? Comparte tu fe y tus bendiciones con otros.

HG/MD

“Porque nosotros no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hechos 4:20).