Lectura: Salmos 56

Vivimos en un mundo plagado de temor. La gente se preocupa por las enfermedades, la pobreza, la disolución de la familia, las guerras, el hambre y el futuro.

Sin embargo, para aquellos que depositan su confianza en el Señor es diferente. Puesto que sus vidas están en manos de un Padre celestial sabio, amante y todopoderoso, pueden enfrentar con confianza cualquier situación difícil.

Decía Henry Durbanville lo siguiente sobre el talentoso predicador Juan Crisóstomo: “Exiliado de la posición que ocupó como el más grande predicador de su época, este noble hombre rehusó ser intimidado”. ¿A qué puedo temer?” – pregunta “¿A la muerte?” Bien saben que Cristo es mi vida, y que con la muerte saldré ganando. ¿Al exilio? Pero si la tierra y toda su plenitud le pertenecen al Señor. ¿A la perdida de riquezas? Pero, si nada trajimos a este mundo y nada nos podremos llevar. Por tanto todos los temores del mundo son despreciables a mis ojos. A la muerte no temo, riquezas no anhelo y la muerte no rehúyo”.

Ese mismo puede ser nuestro testimonio. Con Dios Padre, Cristo como Salvador y el Espíritu Santo como Guía, podemos enfrentar todas las situaciones con absoluta confianza en Aquel que vence al temor: Dios.

  1. El mejor antídoto para el temor es la fe en Dios.
  2. Puedes depositar tu fe en Jesús, él nunca te defraudará y te consolará, cuando lo necesites.

NPD/RWD