Lectura: Isaías 30:8-18

Hace ya algunos años, un oficial de tránsito tuvo una experiencia que nunca olvidó, al hacerse presente en un accidente entre dos autos en una autopista. Luego de entrevistar a los implicados y dibujar el diagrama del accidente, había detectado el aliento a alcohol en uno de los implicados en el accidente y procedió a realizar las pruebas respectivas. El resultado superaba por mucho el límite establecido, y la ley indicaba que lo tenían que llevar ante el juzgado respectivo, luego de proceder a poner por escrito lo acontecido; inmediatamente pidió refuerzos a la base pues había llegado en motocicleta al lugar.

Mientras hacía esto, observó que el ofensor estaba masticando algo, y no era goma de mascar, ¡Se estaba comiendo el informe!  A pesar de los esfuerzos del oficial, el informe estaba perdido; sin embargo, lo que el ofensor entendía es que sólo había logrado retrasar temporalmente las gestiones.  El oficial volvió a realizar la prueba, tomó las declaraciones nuevamente e hizo el croquis del accidente, y esta persona terminó en la cárcel con un cargo adicional debido a su comportamiento.

La situación que enfrentó el oficial, es algo similar a lo que enfrentó Isaías; él fue testigo en primera fila, de cómo su pueblo trató voluntaria e intencionalmente de ignorar la evidencia de sus múltiples pecados.  Ellos habían apartado sus oídos de la Palabra de Dios, sobre lo cual Isaías hace referencia en el siguiente pasaje: “Porque este pueblo es rebelde, hijos mentirosos, hijos que no quieren escuchar la instrucción del Señor” (Isa.30:9).  Ellos llegaron al colmo de decirle a sus profetas, tan sólo lo que ellos querían escuchar, “Ellos han dicho a los videntes: ‘No tengan visiones’; y a los profetas: ‘No nos profeticen cosas rectas. Dígannos, más bien, cosas halagüeñas; profeticen cosas ilusorias” (Isaías 30:10).  Preferían permanecer “ocultos” de la misericordia de Dios, antes que buscarla.  Es por ello que Dios, envió juicio sobre ellos (Isaías 30:12-17).

Es necesario aprender de los errores de Israel.  El intentar encubrir lo que no está bien, sólo será un “remedio” temporal.  Debemos confesar nuestros pecados a Dios y abandonarlos.  Entonces y sólo entonces, empezaremos a conocer el verdadero gozo gracias al perdón de Dios.

  1. Te desafiamos a empezar a crecer y profundizar en tu relación con Dios, para ello el primer paso es confesar que le necesitas a diario.

 

  1. Luego llena tu vida de tiempos donde hables con Él, conoce lo que dejó escrito para ti en Su Palabra, comparte lo que has aprendido e invita a otros que aún no le conocen.

HG/MD

“No se engañen; Dios no puede ser burlado. Todo lo que el hombre siembre, eso mismo cosechará” – Gálatas 6:7.