Lectura: Marcos 10:13-16

Cada vez es más común la frase: “No se admiten niños”.  Especialmente cuando se nos invita a una actividad seria o que sigue un protocolo, como por ejemplo cuando vamos a escuchar a un orador especial.  Lo que se asume es que los niños no entenderán la actividad, distraerán a los invitados o al mismo orador.

En Marcos 10:13-16, los discípulos asumieron la misma actitud ante unos niños que se querían acercar a nuestro Señor.  A Jesús no le gustó para nada que los discípulos intentaran reprender a los niños que llegaron con sus padres para que el Señor los bendijese.  Jesús sabía que los niños, tienen corazones muy receptivos al mensaje del evangelio y que son un canal para llevar a sus casas el mensaje de salvación.

Hace algunos años, el predicador Robert Moffat, aprendió la importancia de esta lección sobre los niños.   En una ocasión, debido al mal tiempo, pocas personas asistieron a una serie de charlas que estaba impartiendo.  Aunque estaba un poco desanimado, compartió su lección, sin notar mucho al pequeño niño que asistía con la música.  Al terminar el servicio, ese niño había decidido convertirse en misionero.  El nombre de este niño era David Livingstone, quien llegó ser un siervo de Dios pionero en África.

  1. No debemos creer que los niños, no entenderán el mensaje del evangelio.
  1. Los niños no son el futuro de la iglesia, son el presente.

HG/MD

“Al verlo, Jesús se indignó y les dijo: “Dejen a los niños venir a mí, y no los impidan porque de los tales es el reino de Dios.”  Marcos 10:14.