Lectura: 1 Juan 1:1-10

A una anciana le preguntaron por el bienestar espiritual de  un amiga en común. Ella contestó: «Bueno, ella está en muy mal estado de ánimo.  Tiene una mala actitud hacia el cristianismo, hasta llegar el punto de sentirse amargada.   Sin embargo creo que se debe a que no tiene una relación muy cercana con Dios, casi nunca asiste a la iglesia y me ha dicho en los últimos tiempos la lectura de la Biblia le parece confusa y que la oración no es parte importante de su vida”

Las personas más infelices, me parece, que no son los que no son salvos, sino los creyentes que viven en desobediencia a Cristo.  Cuando practican el pecado sin arrepentimiento, están invitando a la disciplina amorosa de Dios y viven con mucha tristeza y pérdida.  Debido a que tienen la ventaja de que el Espíritu Santo more en ellos y tienen un conocimiento de la voluntad de Dios a través de las Escrituras, se sienten más miserables, debido a su estado de rebeldía y en ocasiones más tristes que aquellos que no han aceptado al Salvador. Todo creyente que ha vivido durante un tiempo con un pecado no reconocido ante el Señor, sabe de lo que estoy hablando.

Para evitar este tipo de dolores de cabeza y ser un creyente pleno y feliz, debemos tratar de conocer la voluntad de Dios a través de estudio de la Biblia y la oración.  Además el asistir a una iglesia complementa nuestra experiencia con Dios y nos da la familia espiritual que necesitamos en este difícil  mundo (Salmos 133:1).    Luego, en el poder del Espíritu Santo, debemos esforzarnos por hacer la voluntad de Dios, caminando en la luz, debido a que Él está en luz (1 Jn. 1:7).  No podemos decir que no pecamos (v. 8), sino que hay que ser honestos y abiertos con Dios sobre nuestro pecado (v. 9) y tratar de superarlo.

1. Confía y obedece, no hay otra manera de ser feliz en Jesús, así que confía y obedece.
2. El pecado causa que la copa de la alegría, tenga fugas.

NPD/RDH