Lectura: Romanos 2:12-16

Resulta muy inspiradora la historia de Marilyn Laszlo, originaria de Valparaiso, Indiana, creció corriendo por los campos, en la granja de su familia; no obstante desde niña sintió un llamado por las misiones, y debido a ello estudió lenguas antiguas.  Cuando terminó sus estudios, decidió involucrarse en la organización Wycliffe Bible Translators, la cual se especializa en la traducción de las escrituras.  Ella junto a otra compañera, decidieron hacer un viaje misionero a Nueva Guinea, específicamente al pueblo Hauna, donde además de implementar obras como una escuela y una clínica, decidieron dar a los habitantes del lugar, el mejor regalo: la traducción de las escrituras a su lengua nativa.

Cuando trabajaba en la traducción de la palabra pecado, decidió preguntarle a la gente que creía que era el pecado, a lo cual respondieron: “Es mentir”, “es robar”, “es matar”, “es robarle la mujer a otro”. Marilyn, se quedó pasmada, estas personas sin haber estado en contacto anteriormente con las escrituras, a su manera estaban diciéndole parte importante de las normas de Dios. La ley de Dios está escrita en el corazón del hombre, tal como lo dice Romanos 2:14-15.

¡Que verificación tan extraordinaria de la verdad bíblica! Al leer este tipo de relatos nuestra fe debe fortalecerse.  Pero hay otro principio en esta historia, que también es importante rescatar: cada persona en su interior es consciente del pecado, aunque algunos lo nieguen.

Es nuestro privilegio compartir con el mundo que sí existe un remedio para el pecado: Jesús pagó la pena por el pecado y ofreció a todos los pecadores una vida libre de la opresión del pecado.

Dios puso su ley en nuestro corazón, pero nunca podremos vivir a la altura de sus requisitos (Rom.3:23; Sant.2:10; 1 Juan 1:8).  La ley nos muestra nuestra realidad; que estábamos esclavizados por el pecado, pero la gracia de Dios, por medio de Cristo nos dio libertad.

  1. Si hemos experimentado su perdón y libertad, nuestra responsabilidad es compartir las buenas nuevas con los demás.

 

  1. La ley de Dios nos muestra una necesidad que sólo su gracia puede suplir.

HG/MD

“Ellos muestran la obra de la ley escrita en su corazón, mientras que su conciencia concuerda en su testimonio; y sus razonamientos se acusan o se excusan unos a otros”  (Romanos 2:15).