Lectura: Eclesiastés 9:1-12

Con apenas unas semanas antes de que fuera a recoger una herencia de $ 1,5 millones, un trabajador de la construcción australiano de 43 años de edad, murió, cuando una pared le cayó encima. Testigos dijeron que el operador de la retroexcavadora se había refugiado de un fuerte viento, cuando una pared de ladrillos se derrumbó sobre él.

Esto puede ser el tipo de desgracia prematura que causó Salomón se preguntara acerca de la brevedad y futilidad de la vida (Eclesiastés 9:2). Sabía que nos enfrentamos a la incertidumbre a lo largo de nuestras vidas (v.12), y que la seguridad parece imposible de conseguir. Había descubierto que el deseo de tener cosas es pronto sustituido por el miedo de perderlas. Así que llegó a la conclusión de que seriamos “sabios” si optamos por vivir diariamente el momento.

Sin embargo, vivir sólo para el momento no fue la solución definitiva de Salomón para su dilema. Con el tiempo se dio cuenta de que sólo hay una base sólida para vivir y lidiar con la incertidumbre.  Después de enfrentarse a sus propios pecados y distracciones, concluyó, “Teme, pues, a Dios y cumple sus mandamientos, porque esto es todo para el hombre.” (Ecl. 12:13). Esa es la única manera sabia de vivir el momento y darse cuenta de que Dios le dará valor eterno a todo lo que estamos haciendo o pensando diariamente (v.14).

La vida es incierta, pero el juicio de Dios es cierto. Por lo tanto, vive tus momentos teniendo siempre presente la promesa de eternidad ofrecida por Dios.  De esa manera honras tu Señor en todo lo que haces.

1. Lo que el hombre realiza o construye nunca perdurará, está aquí hoy, mañana será pasado; lo que viene de Dios existirá para siempre.  Invierte bien lo que Dios te ha permitido vivir y tener.

2. El tiempo se vive momento a momento, úsalo bien.

NPD/MDH