Lectura: Hebreos 12:7-11

Cuando era una niña, a Nancy le fue enseñaron que el ganar no lo era todo; que la forma en que se jugaba lo que contaba.  Pero cuando llegó a su vida adulta, ella adoptó otro enfoque de vida. Como la esposa de Dick, gerente del equipo de béisbol, ella estuvo de acuerdo con la filosofía de su marido, al que no le importaba lo que hicieras, siempre y cuando ganaras.

Luego de unos años de llevar esta filosofía de vida, tuvieron una experiencia desgarradora que provocó un gran un cambio en sus vidas y valores. Dick estaba aquejado de un cáncer cerebral, lo cual le obligó a renunciar como gerente. “Después de lo que ha ocurrido”, dijo Nancy, “me di cuenta de que mis prioridades en el llamado “mundo real” estaban equivocadas.  Ahora Dick y yo sabemos que el camino antiguo, era el que estaba bien”.

Podemos estar tan decididos en ganar en el juego competitivo de la vida, hasta tal punto que le demos la espalda a los principios establecidos en la Escritura.  A veces Dios en Su amor, nos permite que experimentemos dolor y pérdida, con el fin de motivarnos a reajustar nuestros valores y prioridades.  Él amorosamente castiga a sus hijos para que puedan producir el fruto de la justicia (Heb. 12:11).  Y a través de nuestro testimonio, Él atrae a los no creyentes, para que puedan ver que sólo los principios bíblicos nos pueden guiar con seguridad a través del laberinto engañoso de las ambiciones terrenales.

1. Aprendamos de nuestras pérdidas.

2. Una gran ganancia viene a menudo como resultado de una gran pérdida.

NPD/VCG