Mártires de la Fe

Déjenme ocupar su lugar

Maximiliano Kolbe, prisionero en un campo de concentración alemán, año 1941

La sirena sonó y a los prisioneros del bunker de Maximiliano Kolbe los sacaron en una mañana de verano.  Por las actividades de los guardias alemanes era obvio que algo andaba mal.  Maximiliano miró a los guardias de las torres y vigiló a los oficiales parados rígidamente mientras él y los demás prisioneros los reunían ante ellos.

El comandante del campo de prisioneros avanzó.

¡Ha habido una fuga! Como saben, por este morirán diez de ustedes.  Que les sirva de lección al resto de ustedes: su libertad costará las vidas de otros diez hombres.

Los diez hombres se seleccionaron de los que estaban en las filas y los llevaron al frente.  Maximiliano observó como el sargento Francisco Gajoniczek marchaba hacia adelante.

“¡No, no, ustedes no pueden hacer esto! No quiero morir.”

En eso, Maximiliano avanzó.

“Señor, soy un sacerdote. Déjenme ocupar su lugar.  Soy viejo.  Él tiene esposa e hijo.”

El oficial lo miró un instante, luego al joven.  Sin duda, podía usar más al joven para las labores diarias que se les exigían a los prisioneros.

“Está bien, Tú regresa a la fila.  Viejo, ve con los otros.”

A los diez hombres los llevaron a una celda, donde los dejaron morir de hambre.  Todo el tiempo allí, Maximiliano consoló a los otros con oraciones, canciones e historias del sacrificio de Cristo por todos ellos.  A las dos semanas, solo quedaban vivos cuatro hombres y el único que está por completo en sus cabales era Maximiliano.  A esos cuatro los ejecutaron después con una inyección de ácido carbónico.

Nadie tiene mayor amor que este: que uno ponga su vida por sus amigos –  Juan 15:13

 

Tomado de: Devoción Extrema, la Voz de los Mártires, pág.161