Lectura: Proverbios 10:8-21

Me contaron la historia de una de esas charlas de pareja, la esposa me relató que ella y su esposo estaban hablando con respecto a realizar una remodelación en su casa.  Él le dijo que deseaba tener las habilidades de carpintero de su cuñado. “Por un breve instante, – pensó la esposa – estuve a punto de dar una respuesta mordaz y decir: ‘¡Tal vez mi próximo esposo sea más útil!’ – sin embargo ella se dijo – Por una vez en mi vida, pensé antes de hablar y me pregunté: ¿Beneficiará esto a mi esposo?  Por supuesto que la respuesta era: NO.  Por lo tanto, me callé por un momento y luego respondí de forma mucho más positiva”

La Biblia nos dice que podemos hacer mucho bien con palabras amables, delicadas y sabias (Prov.10:31-32; 16:23; Efesios 4:29).  Todos podemos mencionar ocasiones en las que hemos sido bendecidos por las dulces palabras de aliento de un hermano o hermana en Cristo.

Eclesiastés nos dice que también hay un “tiempo de callar” (Ecl.3:7).  A veces podemos lograr más quedándonos callados.  Evitamos infligir dolor, crear conflictos o dañar la reputación o el futuro de alguien.

Cuando somos tentados a decir algo crítico, perjudicial, confidencial, jactancioso, con aires de superioridad o gimoteador, hemos de detenernos y pensar en el efecto que tendría.  Sigamos el consejo de Salomón en cuánto a que hay un “tiempo de callar” y no lo digamos.

  1. Si contienes tus palabras ahora, no tendrás que tragarte tus palabras después.
  1. Hoy dile al menos dos palabras positivas a dos personas diferentes, puede que esas personas estén necesitando eso. Atrévete a ser diferente, a ser alguien que muestre el carácter de Cristo.

NPD/DCE