Lectura: Levítico 23:15-22

Durante la época de la cosecha, es natural dar gracias a Dios, por la abundancia de sus bendiciones.  La fiesta de las semanas en la antigua Israel establecida en Levítico 23, era una semana gozosa de celebración y festejos en gratitud por la cosecha (Dt. 16:9-12).  Incluso hoy, cuando los agricultores recogen sus cosechas, muchos de ellos dan gracias al Señor por la abundancia de las mismas.

Pero, ¿qué sucede si hay lluvias inoportunas y persistentes impiden que el agricultor trabaje en el campo y recoja el grano maduro)  ¿Y si la granizada repentina aplasta el maíz? ¿Y si una sequía de verano seca los campos?

El apóstol Pablo escribió: “Dad gracias en todo…” (1 Ts. 5:18).  Eso puede no sonar realista, pero ponte a pensar.  Los judíos recibieron instrucciones de celebrar la fiesta de las semanas, independientemente de si recogían o no las cosechas.  De la misma forma, hemos de dar gracias al Señor “en todo”.  Después de todo, nuestra alabanza es para Dios, no para un granero lleno de paja, ni de maíz, ni de artefactos, ni de teléfonos inteligentes, pantallas planas, autos, etc.

Si, podemos dar gracias.  Podemos hacerlo ya sea que tengamos un buen día o que tengamos que hacer frente a circunstancias agravantes.  Podemos ser agradecidos si somos ricos o pobres, si nos sentimos bien o si nuestra salud falla.  En toda circunstancia podemos afirmar la bondad de Dios y descubrir razones para darle gracias.  Después de todo, nuestra gratitud es a Él y para Él.

1. No necesitamos más cosas por las que dar gracias, sino dar gracias más a menudo.

2. Agradece a Dios por lo que Dios te ha dado y tú no pediste, por ejemplo: la lluvia, el viento, el sol, el aire, etc.