Lectura: Salmos 119:97-104

Un ministro que volaba a la Costa Oeste se puso a conversar con el pasajero a su lado. Preguntándole “¿Cuál es su ocupación?”  Su compañero de asiento respondió: “Yo soy profesor de astronomía. ¿Y qué hay de ti?” “Soy un predicador”, respondió el ministro.

El astrónomo se movió un poco en su asiento y luego confesó: “Yo solía ir a la iglesia cuando era joven, pero mi esposa y yo, no vamos muy a menudo ahora.  La manera en que yo lo veo, la Biblia es bastante simple. Todo se reduce a: “llevarse bien con sus vecinos y no meterse en problemas.”

“Eso es interesante”, señaló el ministro. “Siento lo mismo acerca de lo que haces. Para mí, la astronomía se reduce a: En cuál fase de la luna estamos.”
A pesar de que hasta los niños pueden entender las verdades básicas de la Biblia, no es un libro simple.  Cualquier persona que se tome el tiempo de estudiarla un poco a fondo, la encontrará tan ilimitada como el cosmos mismo.  Podemos volver al mismo texto en innumerables ocasiones y encontrar más y más maravillas y aplicaciones para diversas situaciones de la vida .  Incluso me atrevo a asegurar que NADIE ha dominado las Escrituras por completo, con excepción de nuestro Señor Jesús.

La Biblia es como el océano.  Puedes meterte en ella, alimentarte de ella, vivir en ella o navegar en ella.  Aquellos que se toman el tiempo para aprender sus verdades y practicarlas  serán cambiados para siempre.

1.  La Palabra de Dios es como una mina profunda muy profunda, llena joyas exquisitas y extraordinarias, las cuales están disponibles para el buscador comprometido y de humilde corazón .

2. La Biblia es bastante simple como para que un niño la lea, pero es tan profunda que no bastaría un ejército de eruditos estudiosos para que la dominen.

NPD/HWR